700 personas en una calle diseñada para 190
- 1 abr
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Actualizado: 3 abr
Ciudadanos piden al gobierno que los apoye en su exigencia de cumplir la normativa vigente

Contenido, video e imágenes tomadas de La Prensa
En Altos de Amador, una calle sin salida —la calle Rodolfo Herbruger— donde hoy viven unas 190 personas, varios proyectos inmobiliarios proyectan incorporar hasta 700 nuevos residentes en un solo desarrollo.
No se trata de una oposición al crecimiento. Los vecinos lo dicen con claridad: no están en contra de construir, sino de hacerlo al margen de la ley y sin planificación.

La zona está clasificada como R2D3, un uso residencial de baja densidad que establece parámetros precisos: edificaciones de 2 a 3 pisos (con excepciones puntuales de hasta 8), construcción en solo la mitad del lote y la obligación de conservar al menos el 30% del arbolado existente. Sin embargo, proyectos como Cavarosa —una torre de 15 pisos en un entorno de casas bajas— y otros desarrollos recientes parecen ignorar estos límites.
El impacto ya se siente. Los residentes denuncian desbordes de aguas negras, baja presión de agua y una vialidad colapsada donde ni siquiera pueden cruzarse dos autos con facilidad. A esto se suma la tala de más de 10 mil metros cuadrados de bosque, con la consecuente pérdida de fauna y cobertura vegetal en una de las últimas áreas residenciales verdes de Amador.
El caso revela un problema mayor: la brecha entre la norma y su aplicación. Mientras los documentos oficiales del Ministerio de Vivienda reconocen esta zona como de baja densidad, en la práctica se están aprobando desarrollos que alteran radicalmente su carácter.
Altos de Amador no es un caso aislado. Es un síntoma de una ciudad que crece sin respetar sus propias reglas. La pregunta de fondo es si Panamá está dispuesta a defender su planificación urbana —y su patrimonio natural— o si continuará cediendo, proyecto a proyecto, hasta que ya no quede nada que preservar.



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